Hubo un tiempo en el que las horas pasaban cargadas de matices y
nosotros, como pequeños aprendices de pintores, eramos capaces de colorear un lienzo distinto cada
día. Todo era novedad, descubrimiento y aventuras en paisajes familiares en los que siempre aparecían
tesoros escondidos: una extraña inscripción en los restos de las barcazas de la fábrica de cerveza;
un baúl carcomido entre las raíces del gran pino caído tras el paso de la borrasca; extrañas
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