Recordamos, a veces, lo más conveniente para justificar nuestro estado actual. Buscamos siempre explicarnos, comprendernos, y nuestro pasado es, para bien o para mal, un buen pretexto para no sentirnos responsables del presente, sobre todo cuando ese presente no es exactamente lo que hubiésemos querido. Siempre hay un mal profesor que motive nuestra incapacidad para las matemáticas o una mala decisión que nos exculpe por no haber arrancado de la vida todo aquello que nos merecíamos.
Olvidamos para protegernos, para dotar a nuestra vida de un argumento benévolo y racional que nos permita seguir adelante sin demasiados remordimientos ni culpas. Las
No hay comentarios:
Publicar un comentario