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01 abril 2024

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que me invitaban a unirme a un grupo de Whassapp con el nombre de "Los cuarenta del cole", y a partir de ese momento todo se precipitó. En aquel grupo, de casi cien personas, solamente tenía a Roberto añadido en la lista de contactos de mi teléfono móbil. Del resto, algún nombre me sonaba, y a un par de personas las reconocí por

31 marzo 2024

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más noticias del asunto y llegué incluso a pensar que al final no habría ningún tipo de conmemoración. Al fin y al cabo, serían muchas las escuelas que pudiesen celebrar ese tipo de efemérides. Y por otra parte, ¿qué aniversario es más digno de celebración? ¿Los veinticinco años? ¿Los cincuenta?

Pero hace tres meses recibí en mi teléfono un mensaje en el

30 marzo 2024

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conocer.


Con una mezcla de curiosidad y de nostalgia contesté al correo indicando que me gustaría mucho participar en los actos, pero que no tenía ninguna fotografía de aquella época. Al cabo de unos días respondieron escuetamente diciéndome que quedaba anotado, y que irían informando sobre la fecha cuando todo estuviese más organizado.


Pasaron un par de meses sin que tuviese

29 marzo 2024

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una parte del camino, antes de incluso de que tengamos conciencia clara de quienes somos y a los que ni siquiera recordamos. Tal vez entre la hojarasca de los días de la infancia hayan quedado las semillas de grandes amistades que no llegaron a ser, personas con las que podríamos haber congeniado pero a las que no llegamos siquiera a

28 marzo 2024

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y del que ahora ni recuerdo el nombre; el tímido José Antonio, que vivía con su abuela y estaba siempre tan peinado y tan bien vestido que parecía que iba camino de la iglesia. Y otros y otras de los que no guardo recuerdo alguno, ni de sus nombres ni de sus rostros, las primeras personas que nos acompañan

27 marzo 2024

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rostros infantiles en mi memoria, y a veces ni eso. Aquel niño grandote y de pelo rizo que tenía una parka con la bandera alemana en el hombro derecho; Conchita, la niña que siempre me traía castañas y que siempre tenía mocos; el vecino del edificio de al lado que en los veranos me enviaba postales desde Suiza

26 marzo 2024

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lo que era frecuente ver grupos de niños y niñas que subían riendo y alborotando por la cuesta que daba al colegio.

Sin duda, en estas caminatas nacieron las grandes amistades y los grandes amores de infancia de muchos de nosotros. Recuerdo ahora algunos nombres, compañeros de aventuras y descubrimientos de los que solamente han quedado sus

25 marzo 2024

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que pastaban las ovejas del señor Edelmiro. Durante los primeros años, el único acceso era por una pequeña pista recién asfaltada, sin pintar y sin aceras. Lo bueno era que la mayoría íbamos andando, habría que esperar aún unos cuantos años antes de que comenzase a funcionar el transporte escolar, y casi no había coches por

24 marzo 2024

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comprendían en aquel momento que el lugar elegido estuviese tan alejado del centro del pueblo. Ahora la zona está totalmente urbanizada, con anchas aceras y una amplia explanada en la que pueden maniobrar los autobuses sin ninguna dificultad, pero hace cuarenta años allí no había nada más que monte y unos pocos prados en los

23 marzo 2024

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de preocupación al descubrir lo rápido que había pasado el tiempo. Cuarenta años habían pasado desde aquellos emocionantes días en los que estrenábamos las instalaciones de aquel nuevo centro que nos parecía inmenso.

La construcción no había estado exenta de polémica. El ayuntamiento había elegido la ubicación y expropiado los terrenos necesarios, y pocos

22 marzo 2024

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derroteros y desde mi época universitaria no había vuelto a vivir en la vieja casa familiar. Algunas de las mejores amistades del instituto también se habían ido a vivir a otros lugares, e inevitablemente las relaciones se enfriaron. Por eso mi primera reacción ante aquella carta fue de indiferencia. Indiferencia y un poco

21 marzo 2024

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participar indicaban que estaban recopilando fotografías y otros documentos de la época para hacer una exposición. En la misma carta facilitaban un correo electrónico y un número de teléfono para cualquier aclaración.

Hacía ya muchos años que no mantenía casi ningún vínculo con el pueblo. La vida me había llevado por otros

20 marzo 2024

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 el ayuntamiento había reunido con motivo de la exposición, habría asegurado que no había participado en aquellos actos. Hace medio año, más o menos, una carta de la vieja escuela informaba que se estaban preparando una serie de eventos para celebrar los 40 años del colegio. Además de una invitación para

19 marzo 2024

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 pero que determinan de una manera férrea e irremisible lo que somos y lo que podemos llegar a ser.

Hasta hace unos días no tenía recuerdos del día de la inauguración. De hecho, si no llega a ser por las fotografías de la época en las que aparecía, y que

18 marzo 2024

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 motivo para pensar que algunos años más tarde la vida cambiaría de tal modo que dejaría para siempre tatuada en la conciencia la certeza de que nuestra existencia no es más que un cúmulo de casualidades, cruces de caminos y encuentros de los a menudo ni siquiera somos conscientes,

17 marzo 2024

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 nombre, y sus madres, muchas veces para nuestra desgracia, también conocían los nuestros.

Por eso cuando construyeron primero un colegio, y pocos años más tarde un instituto, tuvimos la seguridad de que ya no vivíamos en un pueblo. Tendría por aquel entonces nueve o diez años, y ningún

16 marzo 2024

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de conservar este sentimiento de pertenecer a un lugar distinto. Nos sentiamos habitantes de la ciudad en oposición a la aldea y a lo rural, es cierto, pero no viviamos apiñados en barrios grises ni en edificios de doce alturas. Aún conociamos a nuestros vecinos por su

15 marzo 2024

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 primos que se habían quedado en la aldea. No sabiamos que era la existencia de la ria lo que nos había salvado de ser engullidos también por la expansión de la ciudad, de acabar convertidos en un barrio más de la gran urbe, en lugar

14 marzo 2024

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 la proximidad a la ciudad al otro lado de la ria, con su refinería y su polígono industrial, y el puerto pesquero justo enfrente de la playa hacía que nosotros, igual que nuestros padres, nos sintiéramos muy diferentes a nuestros abuelos o a los

13 marzo 2024

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 extrarradio o en las nuevas rondas que de manera concéntrica se edificaban alrededor de la ciudad vieja y del ensanche de principios de siglo. Nuestro pueblo, sin embargo, aún conservaba sus casas con terreno y sus campos de labranza, pero de algún modo

12 marzo 2024

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 que habían prosperado por el simple hecho de haber comprado un piso en unos de estos nuevos barrios. Pensaban que pertenecían a la ciudad, cuando en realidad la misma ciudad se estaba protegiendo de ellos permitiendo que se establecieran en barrios de

11 marzo 2024

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 a extender sus tentáculos de ladrillo y alquitrán y había engullido sin piedad pequeñas aldeas cercanas que ahora eran auténticos barrios obreros. Muchas veces, el simple hecho de desplazarse unos pocos kilómetros suponía un cambio tan profundo que comenzaron a sentir

10 marzo 2024

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 nietos de agricultores. Nuestros padres habían desertado de la vida dura y sin futuro del campo para trabajar de operarios en los astilleros o en algunas de las pequeñas industrias que iban surgiendo alrededor de una ciudad que había comenzado

09 marzo 2024

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 población que no paraban de crecer. 

Siempre hubo en nosotros cierto sentimiento de pertenecer a la ciudad, como si el simple hecho de vivir a apenas cinco kilómetros del centro urbano nos hiciese urbanitas. En realidad, la mayoría eramos

08 marzo 2024

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 la capacidad suficiente para albergar a los niños y niñas que ahora asistían a la escuela, de manera obligatoria, hasta los catorce años. Y así, en los años ochenta fue necesario contruír colegios en los nuevos núcleos de

07 marzo 2024

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 se llenaron de edificios de cuatro o cinco pisos. Parejas jóvenes que tenían dos o tres hijos, y en unos pocos años los grandes colegios, que recibían a los alumnos de toda la comarca, ya no tenían

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 década de los cuarenta o principios de los cincuenta, y que a partir de los años sesenta habían abandonado el campo para establecerse en las periferias de las ciudades o en pequeñas poblaciones que de pronto

05 marzo 2024

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 década de los cuarenta o principios de los cincuenta, y que a partir de los años sesenta habían abandonado el campo para establecerse en las periferias de las ciudades o en pequeñas poblaciones que de pronto

Recuerdos

 

Hubo un tiempo en el que la vida era más sencilla y transparente y los días estaban tan repletos que apenas teníamos tiempo para pensar en nada más que no fuese vivir. No había lugar para las dudas o para las inseguridades. Simplemente pasaban las tardes, como gigantes contenedores llegados en barcos de ultramar, y nuestra única preocupación era llenarlas de experiencias y de sueños, de las ocupaciones propias de los críos que nacimos cerca de un astillero.


Hubo un tiempo en el que las horas pasaban cargadas de matices y nosotros, como pequeños aprendices de pintores, eramos capaces de colorear un lienzo distinto cada día. Todo era novedad, descubrimiento y aventuras en paisajes familiares en los que siempre aparecían tesoros escondidos: una extraña inscripción en los restos de las barcazas de la fábrica de cerveza; un baúl carcomido entre las raíces del gran pino caído tras el paso de la borrasca; extrañas piezas de hierro que encontrábamos entre las basadas de la grada del astillero en el que nos colábamos algún que otro fin de semana.


La memoria es siempre selectiva, una reconstrucción constante de nuestra vida que nunca es una copia fiel de lo que realmente ocurrió. Cada vez que recordamos, ponemos en marcha un proceso que añade o elimina ciertas cosas, dependiendo de nuestro estado de ánimo actual, de donde pongamos el foco. Hay personas que pasan toda la vida orillando inconscientemente un recuerdo doloroso o cruel hasta que de pronto, un día cualquiera, la marea de nuestro pensamientos deja varada en la arena esa frase o ese rostro cargado de reproches que nunca quisiéramos haber recordado. Y el pasado vuelve y nos hace comprender que aquellos tiempos felices y luminosos tenían también oscuros pozos en los que casi sin darnos cuenta fuimos enterrando la inocencia y la alegría de nuestra infancia.

Recordamos, a veces, lo más conveniente para justificar nuestro estado actual. Buscamos siempre explicarnos, comprendernos, y nuestro pasado es, para bien o para mal, un buen pretexto para no sentirnos responsables del presente, sobre todo cuando ese presente no es exactamente lo que hubiésemos querido. Siempre hay un mal profesor que motive nuestra incapacidad para las matemáticas o una mala decisión que nos exculpe por no haber arrancado de la vida todo aquello que nos merecíamos.


Olvidamos para protegernos, para dotar a nuestra vida de un argumento benévolo y racional que nos permita seguir adelante sin demasiados remordimientos ni culpas. Las palabras que no debimos pronunciar, las pequeñas ofensas que no supimos ni quisimos olvidar, los viejos rencores que a veces parecen aflorar. Miles de matices se van acumulando en el subsuelo de nuestra memoria de modo que lo que solemos recordar son pequeños acontecimientos dispersos y casi irrelevantes en el océano de nuestros días. Y tal vez por eso, cuando nos reencontramos con algún conocido de la infancia sentimos que hubo un tiempo en el que todo era más sencillo y más vivo. A nuestra cabeza acuden siempre los buenos recuerdos, y si tenemos la suerte de poder compartir unos minutos de conversación es probable que a nuestra memoria acudan nuevos episodios, restos arqueológicos que salen a la superficie como un puñado de cerezas que sacamos de la caja. Aparece un nombre, una anécdota, un amor que habíamos olvidado. Y sin darnos cuenta, en ese preciso instante estamos creando un nuevo recuerdo, retorciendo el pasado, endulzando a veces aquello que en su día fue amargo, o descubriendo, gracias a un matiz en el que nunca habíamos reparado, que durante demasiados años hemos arrastrado una culpa que no era nuestra.


04 marzo 2024

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Todo comenzó con los actos de conmemoración de los 40 años del colegio público del pueblo. Somos la generación del Baby boom, hijos e hijas de los nacidos en los años de posguerra, en la

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Olvidamos para protegernos, para dotar a nuestra vida de un argumento benévolo y racional que nos permita seguir adelante sin demasiados remordimientos ni culpas. Las palabras que no debimos pronunciar, las pequeñas ofensas que no supimos ni quisimos olvidar, los viejos rencores que a veces parecen aflorar. Miles de matices se van acumulando en el subsuelo de nuestra memoria de modo que lo que solemos recordar son pequeños acontecimientos dispersos y casi irrelevantes en el océano de nuestros días. Y tal vez por eso, cuando nos reencontramos con algún conocido de la infancia sentimos que hubo un tiempo en el que todo era más sencillo y más vivo. A nuestra cabeza acuden siempre los buenos recuerdos, y si tenemos la suerte de poder compartir unos minutos de conversación es probable que a nuestra memoria acudan nuevos episodios, restos arqueológicos que salen a la superficie como un puñado de cerezas que sacamos de la caja. Aparece un nombre, una anécdota, un amor que habíamos olvidado. Y sin darnos cuenta, en ese preciso instante estamos creando un nuevo recuerdo, retorciendo el pasado, endulzando a veces aquello que en su día fue amargo, o descubriendo, gracias a un matiz en el que nunca habíamos reparado, que durante demasiados años hemos arrastrado una culpa que no era nuestra.


03 marzo 2024

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de cerezas que sacamos de la caja. Aparece un nombre, una anécdota, un amor que habíamos olvidado. Y sin darnos cuenta, en ese preciso instante estamos creando un nuevo recuerdo, retorciendo el pasado

02 marzo 2024

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recuerdos, y si tenemos la suerte de poder compartir unos minutos de conversación es probable que a nuestra memoria acudan nuevos episodios, restos arqueológicos que salen a la superficie como un puñado

01 marzo 2024

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cuando nos reencontramos con algún conocido de la infancia sentimos que hubo un tiempo en el que todo era más sencillo y más vivo. A nuestra cabeza acuden siempre los buenos

29 febrero 2024

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el subsuelo de nuestra memoria de modo que lo que solemos recordar son pequeños acontecimientos dispersos y casi irrelevantes en el océano de nuestros días. Y tal vez por eso

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palabras que no debimos pronunciar, las pequeñas ofensas que no supimos ni quisimos olvidar, los viejos rencores que a veces parecen aflorar. Miles de matices se van acumulando en


28 febrero 2024

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Recordamos, a veces, lo más conveniente para justificar nuestro estado actual. Buscamos siempre explicarnos, comprendernos, y nuestro pasado es, para bien o para mal, un buen pretexto para no sentirnos responsables del presente, sobre todo cuando ese presente no es exactamente lo que hubiésemos querido. Siempre hay un mal profesor que motive nuestra incapacidad para las matemáticas o una mala decisión que nos exculpe por no haber arrancado de la vida todo aquello que nos merecíamos.


Olvidamos para protegernos, para dotar a nuestra vida de un argumento benévolo y racional que nos permita seguir adelante sin demasiados remordimientos ni culpas. Las

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hay un mal profesor que motive nuestra incapacidad para las matemáticas o una mala decisión que nos exculpe por no haber arrancado de la vida todo aquello

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bien o para mal, un buen pretexto para no sentirnos responsables del presente, sobre todo cuando ese presente no es exactamente lo que hubiésemos querido. Siempre

25 febrero 2024

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La memoria es siempre selectiva, una reconstrucción constante de nuestra vida que nunca es una copia fiel de lo que realmente ocurrió. Cada vez que recordamos, ponemos en marcha un proceso que añade o elimina ciertas cosas, dependiendo de nuestro estado de ánimo actual, de donde pongamos el foco. Hay personas que pasan toda la vida orillando inconscientemente un recuerdo doloroso o cruel hasta que de pronto, un día cualquiera, la marea de nuestro pensamientos deja varada en la arena esa frase o ese rostro cargado de reproches que nunca quisiéramos haber recordado. Y el pasado vuelve y nos hace comprender que aquellos tiempos felices y luminosos tenían también oscuros pozos en los que casi sin darnos cuenta fuimos enterrando la inocencia y la alegría de nuestra infancia.

Recordamos, a veces, lo más conveniente para justificar nuestro estado actual. Buscamos siempre explicarnos, comprendernos, y nuestro pasado es, para


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hace comprender que aquellos tiempos felices y luminosos tenían también oscuros pozos en los que casi sin darnos cuenta fuimos enterrando la inocencia y

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varada en la arena esa frase o ese rostro cargado de reproches que nunca quisiéramos haber recordado. Y el pasado vuelve y no

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la vida orillando inconscientemente un recuerdo doloroso o cruel hasta que de pronto, un día cualquiera, la marea de nuestro pensamientos deja

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o elimina ciertas cosas, dependiendo de nuestro estado de ánimo actual, de donde pongamos el foco. Hay personas que pasan toda

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 es una copia fiel de lo que realmente ocurrió. Cada vez que recordamos, ponemos en marcha un proceso que añade

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Hubo un tiempo en el que las horas pasaban cargadas de matices y nosotros, como pequeños aprendices de pintores, eramos capaces de colorear un lienzo distinto cada día. Todo era novedad, descubrimiento y aventuras en paisajes familiares en los que siempre aparecían tesoros escondidos: una extraña inscripción en los restos de las barcazas de la fábrica de cerveza; un baúl carcomido entre las raíces del gran pino caído tras el paso de la borrasca; extrañas piezas de hierro que encontrábamos entre las basadas de la grada del astillero en el que nos colábamos algún que otro fin de semana.

La memoria es siempre selectiva, una reconstrucción constante de nuestra vida que nunca

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Hubo un tiempo en el que las horas pasaban cargadas de matices y 

nosotros, como pequeños aprendices de pintores, eramos capaces de colorear un lienzo distinto cada

 día. Todo era novedad, descubrimiento y aventuras en paisajes familiares en los que siempre aparecían

tesoros escondidos: una extraña inscripción en los restos de las barcazas de la fábrica de cerveza; 

un baúl carcomido entre las raíces del gran pino caído tras el paso de la borrasca; extrañas 

piezas de hierro que encontrábamos entre las basadas de la grada del astillero en el que nos colábamos

17 febrero 2024

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Hubo un tiempo en el que las horas pasaban cargadas de matices y 

nosotros, como pequeños aprendices de pintores, eramos capaces de colorear un lienzo distinto cada

 día. Todo era novedad, descubrimiento y aventuras en paisajes familiares en los que siempre aparecían

tesoros escondidos: una extraña inscripción en los restos de las barcazas de la fábrica de cerveza; 

un baúl carcomido entre las raíces del gran pino caído tras el paso de la borrasca; extrañas

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Hubo un tiempo en el que las horas pasaban cargadas de matices y 

nosotros, como pequeños aprendices de pintores, eramos capaces de colorear un lienzo distinto cada 

día. Todo era novedad, descubrimiento y aventuras en paisajes familiares en los que siempre aparecían

tesoros escondidos: una extraña inscripción en los restos de las barcazas de la fábrica de cerveza

15 febrero 2024

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Hubo un tiempo en el que las horas pasaban cargadas de matices y 

nosotros, como pequeños aprendices de pintores, eramos capaces de colorear un lienzo distinto cada 

día. Todo era novedad, descubrimiento y aventuras en paisajes familiares en los que siempre aparecían

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Hubo un tiempo en el que las horas pasaban cargadas de matices y 

nosotros, como pequeños aprendices de pintores, eramos capaces de colorear un lienzo distinto cada

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Hubo un tiempo en el que la vida era más sencilla y transparente y los días estaban tan repletos que apenas teníamos tiempo para pensar en nada más que no fuese vivir. No había lugar para las dudas o para las inseguridades. Simplemente pasaban las tardes, como gigantes contenedores llegados en barcos de ultramar, y nuestra única preocupación era llenarlas de experiencias y de sueños, de las ocupaciones propias de los críos que nacimos cerca de un astillero.

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sencilla y transparente y los

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teníamos tiempo para pensar en nada más

que no fuese vivir. No había lugar para

las dudas o para las inseguridades. Simplemente llegaban los

días, como gigantes contenedores de los barcos de ultramar, y

nuestra única preocupación era llenarlos de experiencias y de sueños, de

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teníamos tiempo para pensar en nada más

que no fuese vivir. No había lugar para

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días, como gigantes contenedores de los barcos de ultramar, y

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que no fuese vivir. No había lugar para

las dudas o para las inseguridades. Simplemente llegaban los

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Hubo

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que no fuese vivir. No había lugar para


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Hubo

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sencilla y transparente y los

días estaban tan repletos que apenas